04/03/2012
07/01/2012
Hoy no
Llevas aquí un tiempo, más o menos sabes cuánto. Lo ves. No te mueves porque no puedes. Te ataron para que no te movieras, y por mucho que quieras... Pero ya lo habías asumido. Vas a estar en el cuarto así. Sin apenas luz, solo, en silencio. Bueno, no del todo. Oyes el ruido de la gota. Gota, gota, gota...
Blop, blop, blop...
Sabes contar, pero no te apeteció empezar a hacerlo con la primera. Allí colocaron la copa, vacía. Vacía estaba al principio, ya no. Y dependes de esa copa. Como no contaste, no sabes por donde va. Lo que sabes es que en algún momento va a acabar.
Blop, blop, blop...
No quieres oirla, sabes que va a acabar contigo; pero quieres oirla, saber que aún está ahí, saber que no se ha acabado. Odias la copa, te hace pasar tus peores momentos. Cuando tarda un poquito más en gotear piensas que todo está bien, que no estás atado, que aún estas lejos de ahí, que vives, y...
...blop, blop...
¿Por qué no intentas moverte como puedas hasta allí y romperla? A decir verdad, no es lo que quieres del todo, quieres verla. Porque crees que todavía puede salvarte. Ves su cristal fino, que brilla con el rayo de luz más grande que entra en la sala, y te ilumina, ves la luz, y ella en medio. Te brillan los ojos cuando la miras. Pero estás atado, no puedes ir a por ella.
No queda mucho tiempo, ya sabes que se va a acabar. Ves las últimas gotas que te desesperan. Al verlas caen las tuyas, de sudor. Solo puedes mirar la copa. Solo puedes estar pensando. Quedarán a lo sumo media docena de gotas para el final. Aún te juega malas pasadas la mente, puedes soñar que eso no acabará contigo. Pero no queda nada. Tienes la mirada fija, ves como caen las últimas. Despacio y rápido a la vez. Y de repente se para tu mente, se para tu alma, se para tu corazón, se para el mundo... O eso crees. Acaba de caer la última gota. Ya se viene abajo.
Blop, blop, blop...
Sabes contar, pero no te apeteció empezar a hacerlo con la primera. Allí colocaron la copa, vacía. Vacía estaba al principio, ya no. Y dependes de esa copa. Como no contaste, no sabes por donde va. Lo que sabes es que en algún momento va a acabar.
Blop, blop, blop...
No quieres oirla, sabes que va a acabar contigo; pero quieres oirla, saber que aún está ahí, saber que no se ha acabado. Odias la copa, te hace pasar tus peores momentos. Cuando tarda un poquito más en gotear piensas que todo está bien, que no estás atado, que aún estas lejos de ahí, que vives, y...
...blop, blop...
¿Por qué no intentas moverte como puedas hasta allí y romperla? A decir verdad, no es lo que quieres del todo, quieres verla. Porque crees que todavía puede salvarte. Ves su cristal fino, que brilla con el rayo de luz más grande que entra en la sala, y te ilumina, ves la luz, y ella en medio. Te brillan los ojos cuando la miras. Pero estás atado, no puedes ir a por ella.
No queda mucho tiempo, ya sabes que se va a acabar. Ves las últimas gotas que te desesperan. Al verlas caen las tuyas, de sudor. Solo puedes mirar la copa. Solo puedes estar pensando. Quedarán a lo sumo media docena de gotas para el final. Aún te juega malas pasadas la mente, puedes soñar que eso no acabará contigo. Pero no queda nada. Tienes la mirada fija, ves como caen las últimas. Despacio y rápido a la vez. Y de repente se para tu mente, se para tu alma, se para tu corazón, se para el mundo... O eso crees. Acaba de caer la última gota. Ya se viene abajo.
28/12/2011
Hoy sí
Hoy en el día de los Santos Inocentes jugamos a ser novios. Nos damos la mano por un día, nos miramos a los ojos y nos decimos cosas bonitas, cosas que vienen de dentro. No hace falta ser ñoño, solo realista.
"Quiero hacerte feliz"
Claro que lo voy a ser, claro que lo soy. Claro que lo fui, por un día, pero lo fui. No era difícil.
Hoy jugamos, soy Clark Kent, porque Dean no me gusta. Hoy decimos mentiras, y al final nos pondremos un muñequito en la espalada y diremos "¡Inocente!", nos reíremos... Y a los días diremos... "Estuvo bien :)"
Pero el día de los inocentes es solo uno al año, son solo veinticuatro horas, y no se pueden repetir hasta el año siguiente; una burbuja hecha del agua más pura que explota al poco tiempo. Lo más parecido son los carnavales, donde la gente también deja de ser lo que es para hacer de otros. Es buena alternativa para hacer una segunda parte.
Esta noche es el momento de decir aquello de "Deja que te cuente, historias de serpientes, de reinas sonrientes, de niños impacientes..."
"Quiero hacerte feliz"
Claro que lo voy a ser, claro que lo soy. Claro que lo fui, por un día, pero lo fui. No era difícil.
Hoy jugamos, soy Clark Kent, porque Dean no me gusta. Hoy decimos mentiras, y al final nos pondremos un muñequito en la espalada y diremos "¡Inocente!", nos reíremos... Y a los días diremos... "Estuvo bien :)"
Pero el día de los inocentes es solo uno al año, son solo veinticuatro horas, y no se pueden repetir hasta el año siguiente; una burbuja hecha del agua más pura que explota al poco tiempo. Lo más parecido son los carnavales, donde la gente también deja de ser lo que es para hacer de otros. Es buena alternativa para hacer una segunda parte.
Esta noche es el momento de decir aquello de "Deja que te cuente, historias de serpientes, de reinas sonrientes, de niños impacientes..."
14/12/2011
Llámalo como quieras, también es tuyo
Poniendo cremalleras a la boca y a los adentros no saldrá nada que no deba. Remiendos para el alma desgastada. Grapas en la sonrisa. Puntos en la cabeza. Nos ha quedado un muñeco muy bonito. Es ese muñeco que nunca va a decir nada. Mirará con sus ojos de botones y nos dedicará el mensaje roto que lleva en la camiseta. A algunos les puede parecer macabro, pero... es una creación nuestra. Nos tiende la mano, se deja abrazar y le gusta que le rasquen detrás de la oreja....
¿Es feo? ¿Acaso tenemos que judgar solo por lo que se ve? Todo es relativo. Un muñeco hecho de trozos a lo mejor funciona. Mírale, ¿sabes lo que piensa? Es imposible. Siempre nos va a mirar con esa expresión que le hemos dado, pero eso es lo de fuera. No se puede saber si también sonríe por dentro, ni si duerme, ni si quiere hablar o solo escucha.
Sus ojos inexpresivos, su sonrisa eterna, su aspecto viejo... Es bonito, aunque lo guardemos en lo oscuro, aunque duerma en un rincón con telarañas. Aunque nos mire desde el fondo del pasillo y solo vislumbremos su silueta oscura, es mono. Los pasos de sus pies acolchados por la casa de noche al final resultan agradables, aunque no sabes si va o viene hasta que lo tienes en la habitación...
No te asustes. Tú duerme, duerme...
¿Es feo? ¿Acaso tenemos que judgar solo por lo que se ve? Todo es relativo. Un muñeco hecho de trozos a lo mejor funciona. Mírale, ¿sabes lo que piensa? Es imposible. Siempre nos va a mirar con esa expresión que le hemos dado, pero eso es lo de fuera. No se puede saber si también sonríe por dentro, ni si duerme, ni si quiere hablar o solo escucha.
Sus ojos inexpresivos, su sonrisa eterna, su aspecto viejo... Es bonito, aunque lo guardemos en lo oscuro, aunque duerma en un rincón con telarañas. Aunque nos mire desde el fondo del pasillo y solo vislumbremos su silueta oscura, es mono. Los pasos de sus pies acolchados por la casa de noche al final resultan agradables, aunque no sabes si va o viene hasta que lo tienes en la habitación...
No te asustes. Tú duerme, duerme...
01/12/2011
Hoy va por vosotros
La entrada de hoy va a ser de ego trip. No es por alardear ni parecer presuntuso. Pero en estos días uno se da cuenta de dónde está, y de dónde vino. Me da por acordarme de mi poco tierna infancia, de mis "amigos" de la escuela.
Vivía en un pueblo pequeño, y en mi curso eramos muy pocos, entre 17 y 20 cada año. Yo era el listo de clase, el empollón, al que a menudo llamaban cuatro ojos, el preferido de los profesores. A mis "amigos" esto no les hacía mucha gracia, porque era el que se sabía siempre las cosas, el que estudiaba, el que sacaba buenas notas, el que recibió el premio de mejor redacción de Extremadura... No se me daba muy bien el fútbol, y en los recreos siempre se jugaba a eso. Yo prefería hacer otra cosa, pero terminé aprendiendo y siendo un defensa importante en el equipo.
"¿Y a ti no te gustan las tías? Es que estás siempre hablando de juegos del ordenador".
Nunca me quisieron, constantemente me obviaban, no me atendían cuando hablaba, incluso no me dejaron durante un tiempo salir con ellos. Mi infancia fue intensa, recuerdo muchas peleas, que venían a mí, claro está, yo no las iniciaba. Y cuando a uno le vienen así, no le queda otra que contestar...
"-Me han dicho que me has llamado gilipollas.
-Yo no he dicho nada.
-¿Qué me has dicho?
-Que no he dicho nada
-Eres un vacilón...
-Déjame en paz".
Un año fui delegado de clase. Normalmente, nunca lo hubiera sido, pero ese curso la profesora insistió mucho en que votaran a alguien responsable, que se llevara bien con todos (qué ironía) y que hiciera las cosas bien; era importante todo esto porque no solo sería delegado de clase, sino también representante de alumnos en el colegio. Y en la votación gané yo por amplia mayoría; ellos, jóvenes hipócritas, sabían que era el que mejor desempeñaría el cargo. No sé en vuestro colegio, pero en el mío, el delegado lo que más hacía era poner silencio cuando el profesor no estaba, y apuntar en un papel quién hablaba; y esto no era precisamente lo mío, porque se sumaba a la presión que yo tenía encima, el no querer señalar a nadie, y pedí dejar de serlo, pero la profesora no accedió.
La fama de "listo" me fue creciendo, y el título pronto fue conocido por todo el pueblo. Yo era el más listo y prometedor que había. Más de una vez me preguntaron los niños si me iban a adelantar un curso, no sé si por tocar las narices o porque se hablaba. Así que esto no gustaba a todos, había algunos (los menos, generalmente mayores) que me consideraban un chico listo de verdad, y otros, alguien repelente. Ese desprecio que yo sentía de la gente por casi todos los costados generó en mí introversión, cada vez más. Yo ya solo acompañaba, no hablaba, nadie mostraba interés por lo que yo decía, no me sentía interesante, y terminaba hablando poco.
"-No, hoy no puedes salir con nosotros. Lo hemos decidido antes, que quien no estuviera esta tarde no podía salir.
-Pero es que he estado en Guadalupe con mis padres...
-Pues no te puedes venir, no has estado".
Pues ese niño al que le hacían sentir mal cada vez que abría la boca ahora es locutor de radio, y le escuchan unas 300 personas cada semana. He pasado de que no quieran oírme a esperar mi voz cada domingo por la noche. Las vueltas que da la vida.
Estudio periodismo, muchos años después de abandonar el pueblo. Soy el único que ha acabado el bachillerato de mi promoción. Quizás algún día sea reconocido, y entonces seguiré recordando como han fracasado todos los que me hicieron la vida imposible en mi infancia. Son los años que más te marcan, y yo no les olvidaré. No es un recuerdo grato... O sí, sabiendo que ahora estoy mucho mejor que ellos, que me ha cambiado todo una barbaridad, que he conocido a gente importante dentro mi mundo, y sobre todo, teniendo el orgullo de que en algo estoy dejando huella. Antes no tenía amigos y ahora me siguen en Twitter personas que ni siquiera conozco, y es porque me consideran interesante, entendido en mis temas: rap y videojuegos.
Pues sí, yo hablaba comúnmente de videojuegos, tenía ordenador y la mayoría no. Me gustaban las chicas también, por supuesto, pero para qué mostrar nada si lo único que se me demostraba era rechazo. Yo me quedaba con mis gustos para mí, y los demás que se fueran a fumar al campo a escondillas de su madre. Esos videojuegos, que a ellos les parecían tonterías, son los que me están dando mayores satisfacciones, y ayudando a conocer a gente que merece la pena.
Hoy puedo sacar pecho, y tumbar las fichas del "Quíén es quién" de todos aquellos que por algo se rieron de mí. Casi todo lo que fue motivo de burla, que la gente no entendía, ahora es algo personal y muy mío. Llevo dentro esa rabia del incomprendido, la inocencia perdida tras desilusiones y el afán de superación de quien no se conforma. Pero también la experiencia de los malos momentos, el saber hacer para tirar hacia adelante y, lo más importante en el mundo, el apoyo de gente de verdad: afecto sincero.
Si alguna vez no me has deseado bien, has de saber que estoy por encima de todo eso, y por encima de ti por tener tan poca calidad como persona. A todos los que me hicisteis ser como soy os quiero decir "gracias por no confiar en mí".
Vivía en un pueblo pequeño, y en mi curso eramos muy pocos, entre 17 y 20 cada año. Yo era el listo de clase, el empollón, al que a menudo llamaban cuatro ojos, el preferido de los profesores. A mis "amigos" esto no les hacía mucha gracia, porque era el que se sabía siempre las cosas, el que estudiaba, el que sacaba buenas notas, el que recibió el premio de mejor redacción de Extremadura... No se me daba muy bien el fútbol, y en los recreos siempre se jugaba a eso. Yo prefería hacer otra cosa, pero terminé aprendiendo y siendo un defensa importante en el equipo.
"¿Y a ti no te gustan las tías? Es que estás siempre hablando de juegos del ordenador".
Nunca me quisieron, constantemente me obviaban, no me atendían cuando hablaba, incluso no me dejaron durante un tiempo salir con ellos. Mi infancia fue intensa, recuerdo muchas peleas, que venían a mí, claro está, yo no las iniciaba. Y cuando a uno le vienen así, no le queda otra que contestar...
"-Me han dicho que me has llamado gilipollas.
-Yo no he dicho nada.
-¿Qué me has dicho?
-Que no he dicho nada
-Eres un vacilón...
-Déjame en paz".
Un año fui delegado de clase. Normalmente, nunca lo hubiera sido, pero ese curso la profesora insistió mucho en que votaran a alguien responsable, que se llevara bien con todos (qué ironía) y que hiciera las cosas bien; era importante todo esto porque no solo sería delegado de clase, sino también representante de alumnos en el colegio. Y en la votación gané yo por amplia mayoría; ellos, jóvenes hipócritas, sabían que era el que mejor desempeñaría el cargo. No sé en vuestro colegio, pero en el mío, el delegado lo que más hacía era poner silencio cuando el profesor no estaba, y apuntar en un papel quién hablaba; y esto no era precisamente lo mío, porque se sumaba a la presión que yo tenía encima, el no querer señalar a nadie, y pedí dejar de serlo, pero la profesora no accedió.
La fama de "listo" me fue creciendo, y el título pronto fue conocido por todo el pueblo. Yo era el más listo y prometedor que había. Más de una vez me preguntaron los niños si me iban a adelantar un curso, no sé si por tocar las narices o porque se hablaba. Así que esto no gustaba a todos, había algunos (los menos, generalmente mayores) que me consideraban un chico listo de verdad, y otros, alguien repelente. Ese desprecio que yo sentía de la gente por casi todos los costados generó en mí introversión, cada vez más. Yo ya solo acompañaba, no hablaba, nadie mostraba interés por lo que yo decía, no me sentía interesante, y terminaba hablando poco.
"-No, hoy no puedes salir con nosotros. Lo hemos decidido antes, que quien no estuviera esta tarde no podía salir.
-Pero es que he estado en Guadalupe con mis padres...
-Pues no te puedes venir, no has estado".
Pues ese niño al que le hacían sentir mal cada vez que abría la boca ahora es locutor de radio, y le escuchan unas 300 personas cada semana. He pasado de que no quieran oírme a esperar mi voz cada domingo por la noche. Las vueltas que da la vida.
Estudio periodismo, muchos años después de abandonar el pueblo. Soy el único que ha acabado el bachillerato de mi promoción. Quizás algún día sea reconocido, y entonces seguiré recordando como han fracasado todos los que me hicieron la vida imposible en mi infancia. Son los años que más te marcan, y yo no les olvidaré. No es un recuerdo grato... O sí, sabiendo que ahora estoy mucho mejor que ellos, que me ha cambiado todo una barbaridad, que he conocido a gente importante dentro mi mundo, y sobre todo, teniendo el orgullo de que en algo estoy dejando huella. Antes no tenía amigos y ahora me siguen en Twitter personas que ni siquiera conozco, y es porque me consideran interesante, entendido en mis temas: rap y videojuegos.
Pues sí, yo hablaba comúnmente de videojuegos, tenía ordenador y la mayoría no. Me gustaban las chicas también, por supuesto, pero para qué mostrar nada si lo único que se me demostraba era rechazo. Yo me quedaba con mis gustos para mí, y los demás que se fueran a fumar al campo a escondillas de su madre. Esos videojuegos, que a ellos les parecían tonterías, son los que me están dando mayores satisfacciones, y ayudando a conocer a gente que merece la pena.
Hoy puedo sacar pecho, y tumbar las fichas del "Quíén es quién" de todos aquellos que por algo se rieron de mí. Casi todo lo que fue motivo de burla, que la gente no entendía, ahora es algo personal y muy mío. Llevo dentro esa rabia del incomprendido, la inocencia perdida tras desilusiones y el afán de superación de quien no se conforma. Pero también la experiencia de los malos momentos, el saber hacer para tirar hacia adelante y, lo más importante en el mundo, el apoyo de gente de verdad: afecto sincero.
Si alguna vez no me has deseado bien, has de saber que estoy por encima de todo eso, y por encima de ti por tener tan poca calidad como persona. A todos los que me hicisteis ser como soy os quiero decir "gracias por no confiar en mí".
09/11/2011
Suscribirse a:
Entradas (Atom)